Llega un momento en la vida de uno en que deja de vivir, de sentir.
Es horrible, es cuando no hay escapatoria, cuando la luz del túnel está apagada.
Pero también llega el momento en que la luz se vuelve a prender, el camino se ve y se siente.
Ese es el momento más feliz, es EL momento.
La sangre caliente que antes era espesa y recorría las venas raspando, dejando astillas, ahora se hace líquida y fluye como si nunca hubiese pasado nada, como si una lija inmensa hubiese pasado por ahí dejando todo liso, todo bien.
Se sienten cosquillas, se siente calor, se siente felicidad, se siente.
Las lágrimas que recorrían las mejillas ahora lo siguen haciendo, pero ellas bien saben que son de alegría, de excitación, de sorpresa, de liberación.
Es horrible, es cuando no hay escapatoria, cuando la luz del túnel está apagada.
Pero también llega el momento en que la luz se vuelve a prender, el camino se ve y se siente.
Ese es el momento más feliz, es EL momento.
La sangre caliente que antes era espesa y recorría las venas raspando, dejando astillas, ahora se hace líquida y fluye como si nunca hubiese pasado nada, como si una lija inmensa hubiese pasado por ahí dejando todo liso, todo bien.
Se sienten cosquillas, se siente calor, se siente felicidad, se siente.
Las lágrimas que recorrían las mejillas ahora lo siguen haciendo, pero ellas bien saben que son de alegría, de excitación, de sorpresa, de liberación.
